Cuando estudié alguna vez lo que dijeron los locos Adorno y Banjamin sobre la industria cultural nunca estuve muy de acuerdo; creo a la masificación del arte sirve para que muchos podamos tener acceso, digo nunca he ido - ni creo que vaya – al Lovre en París, y sin embargo conozco el rostro de la Gioconda, nunca estuve en las Cataratas del Iguazú – aunque un día de estos.... – y conozco sobre la garganta del diablo, el rafting por debajo del salto de agua y hasta de la sensación de humedad insoportable; sé cuál es la cara del presidente de los Estados Unidos aunque espero no verlo nunca en la vida, puedo ver a Groucho Marx en sus películas aunque se murió en el 77.y estoy leyendo mi propio ejemplar de La Casa de los espíritus que venía con La Nación el sábado porque perdí el que compré a los 12 en Elka libros.
¿A qué va todo esto? En que mi opinión entró en conflicto ayer ¿por qué? Anduve por Alta Gracia por el cumple de la Euge, íbamos con un motivo claro: conocer la casa del Che. Fuimos en el Sarmiento que sale desde la Terminal re felices, nos enteramos de algunas cosas esa casa la alquilaba así que estuvo 4 años nomás, y el museo no es la gran cosa, la mayoría son reproducciones: de la moto, del uniforme, del inodoro que usaron los Guevara Lynch durante 4 años que los turistas yankees sacaban fotos orgullosos. Cuando salimos, el gringo de adelante escribió en el libro de visitas en un inglés y en una caligrafía prolijita: “Ahora que sé quién fue tengo un motivo para comprarme una remera” y se fue al negocio de souvenir a elegir entre un poncho con su cara, una foto de Fidel y la remera que vemos en todos lados chocho porque el cambio le convenía y le permitía después irse al restaurant de comida cubana que queda a la vuelta. Me acordé de una frase del hijo del Che que leí hace mucho en La Voz “A mi papá no le hubiera gustado estar estampado en tantas cosas”, y tiene razón, el tipo no era flogger, y la foto más famosa que lo difunde me enteré que fue sacada en el entierro de 35 compañeros de su ejército, que no se dio cuenta que estaba siendo fotografiado y que si se enteraban que estaba ahí iban a necesitar un cajón de repuesto. Entonces digo ¿cómo pueden las personas “revolucionarias” (acá se justifican las comillas) comprar una remera de marchandaising de un tipo que luchó contra eso, es como comprar una cajita feliz con muñequitos de Lenin, algo totalmente contradictorio y sin embargo si se pusiera de moda lo harían.
Pensaba todo esto cuando comía mi sanwich de milanesa al costado del río y decidíamos a dónde ir, algo menos comercial ante el sabor amargo de la casa – museo; la Euge se acordó de cuando era chica y mi abuelo los llevaba al santuario de la virgen de Lourdes, un lugar espiritualmente turístico, que a todo el mundo le gustó por lo hermoso del paisaje, la cantidad de placas de agradecimiento, y la fe de todos los que estaban haciendo cola.... en la casa de recuerdos: comprando velas, estampitas, imágenes y almanaques con la cara de los santos, me lleve la palma de la mano a la frente resignada por el tiempo que me iba a llevar comprarme el rosario que quería. Si Benjamín me hubiera visto, se suicidaba de nuevo.









