A esta altura del año, hay un tema recurrente en la mayoría de las personas, además de quién será el ganador del Bailando 2010 la gente tiende a quejarse de algo en particular, además del calor y el precio de las cosas. Muchos – parece que twitter es el medio más popular para tal fin – se quejan de la caja navideña que los jefes tienden a entregar.
Yo ni eso. En mi primer trabajo, el anterior a este, el jefe nos hizo quedarnos después de hora el día 24, nos sirvió Mirinda en unos vasos chiquititos, compró media docena de sándwiches de miga y nos dijo que nos tenía “una sorpresa”. Imaginen la desilusión que tuvimos todos cuando se sorteó una sombrilla entre toooooooooooooooooooodos los empleados, UNA SOLA SOMBRILLA! Encima admitió que era un regalo de un cliente. Lo peor fue que la ganó el hermano de su esposa, aunque el flaco tuvo el buen gesto de volverlo a sortear, obvio que no gané, cuando nací me dieron un vale por mi suerte y mi sentido de la fotogenia que me faltaban.
El año pasado, en mi nuevo trabajo hubo nuevamente expectativas, “Tengo un presente para ustedes” nos dijieron; mientras iba a buscarlos yo pensaba en cómo iba a volverme a casa con una caja muy pesada – soñar no cuesta nada – llena de budines, ananá fizz, y almendras con chocolate, hasta pensé en pedir un taxi para poder llevarla a casa. ¿Qué nos dieron? Un repasador (pero para cada uno eh?) con la cara de Papá Noel estampado en el medio, así que encima no tiene vigencia todo el año.
Este año no sé qué nos darán, tampoco sé si nos darán algo, pero cada vez que escucho a alguien quejarse no puedo disimular mi rencor, no por lealtad a la industria de cajas navideñas sino por la envidia terrible hacia aquellas personas cuyo presente navideño al menos, ocupa lugar.
Llegan las fiestas, todos los años – lamentablemente – llegan y uno se siente en un gran deja vu, hay que comprar sí o sí regalos para Navidad, todos los negocios se llenan de gente, los comerciantes aumentan los precios, la gente compra cualquier cosa “con tal de tener algo debajo del arbolito”, hay que comer mucho, mucho, mucho, tomar también, brindar con los de la oficina, con los familiares, con los amigos, con los de la facultad, con los que nunca ves y no te importa, pero hay que verlos y brindar antes de cambiar el almanaque. En fin… una vorágine, yo que he vivido ya dos décadas y un poquito más de fiestas he podido observar postales típicas de esta altura del año, a saber:
1) ESE día, ya sea 24 o 31, cuando uno está reunido con la familia las horas transcurren muuuuuuuuuuuy lentamente. Hay un momento en particular, entre que uno terminó de preparar las ensaladas, salsas o picadas y que es tiempo de acicalarse que no pasa más. Es tiempo muerto, como los domingos a la tarde, un momento propicio para cualquiera con tendencias suicidas. Pero después, cuando uno terminó de comer, se desabrochó el primer botón del pantalón y ya no tiene más chistes de Jaimito que contar DE REPENTE son las 12. Siempre pasa eso, y los vecinos de al lado ya están tirando las cañitas voladoras y uno recién se percata que todavía no descorchó la sidra, no lavó las copas – que todavía tienen trocitos de banana de la ensalada de frutas – y que no le da tiempo para llegar aunque sea a decir los últimos 3 números del conteo final de la radio.
2- Los regalos. Cuando uno es chico cree que la Navidad es una fiesta que prueba tu paciencia, porque para abrir los regalos tenés que esperar toooodo el tiempo hasta las 12, y que la pirotecnia es un invento para desviar la ansiedad hasta ese momento. Cuando uno es grande la pirotecnia es peligrosa, ruidosa y cara, es la ley de .la vida. Y los regalos, si bien uno los espera también ya sabe por lo general de qué se trata, cuánto costó y cómo te queda. Así que cuando creces los regalos es el momento que tenés que pasar para hacer tiempo hasta las 2, aproximadamente para ir a festejar con tus amigos que saben divertirse de verdad (o al menos eso crees vos)
3). Nunca falta, para estas fiestas alguien que comienza a despotricar contra la más famosa marca de gaseosas diciendo que Papá Noel es un invento del capitalismo, que acá sólo el niñito Dios debería ser el protagonista único, que comemos comida más propia del clima del hemisferio norte, y que la navidad es una fiesta espiritual y no comercial. Por lo general, esa misma persona es la que lleva los turrones y la Coca a la mesa, que se disfraza – o al menos se ríe con la o – y que si le preguntas cuál fue la última vez que fue a misa, rezó o vio de cerca un rosario, no se acuerda.
¡Gente! Las fiestas son lo que son, cada uno le da un significado, las vive a su manera y con los que vive, canten villancicos o no, vean por quincuagésima vez “Mi pobre Angelito” por el 12 o no, crea o no, brinde o no, pero todos pero absolutamente todos las vivimos y les apuesto lo que quieran, pero al menos una de las 3 postales que les describí – por lo menos una – la hemos vivido hasta el hartazgo. Felicidades! Jo jo joooo
PD: Una vez más me juré que no iba a postear nada por la efeméride y mírenme!
musicalización de la entrada: "Los peces en el río"
homenaje a mi seño de música que odiaba esta canción