sábado, 29 de agosto de 2009

El día que la radio los detuvo


Cuando Orson Welles hizo la adaptación del libro “La guerra de los mundos” de Herbert George Wells, todo aquel que agarró el radioteatro a la mitad se creyó que realmente había una invasión alienígena y cundió el pánico. La gente llamaba a los periódicos pidiendo información, exigían en las comisarías modos de protegerse del gas marciano y algún que otro infeliz se habrá suicidado con esa excusa; y semejante reacción es porque, claro, nadie sabía qué hacer.



¿A qué quiero llegar con todo esto? Supongamos que vengan los extraterrestres hoy, prendes canal 12 para ver la novela de la gorda bella y sale Lalo Freyre contando que llegaron muñequitos verdes/azules/violetas y que están aterrizando en el parque Sarmiento, nosotros SABRIAMOS qué hacer, gracias a las innumerables películas que hemos visto.

Yo por ejemplo sabría que no me tengo que acercar a alguien de raza negra, porque siempre son las primeras víctimas en las catástrofes televisadas, ni tiraría una paloma de la paz porque la desintegrarían on air. Tampoco me pondría en el papel de chica ruda, porque sé que no aguantaría ni un round, en caso de no llegar al refugio especial, o sea me ganen de mano y toquen el timbre de casa, les ofrecería unos entremeses de gato (no sé si solo a los de Melmac les apetecería, quizás sea un gusto generalizado) luego de saludarlos con una patada en los huevos (Scary Movie 3 nos enseñó eso). Por si quieren dejar a alguno, siempre hay lugar en la cucha de mi perro para un Stitch, mataría por un Stitch! Quiero un Stitch!

Además para que no me agarran desprevenida tomo precauciones, siempre tengo el celular cargado por si quieren llamar a casa, o la cadena de la bici puesta, por si tienen ganas de ir pedaleando hasta contrastar su silueta con la luna para ser el logo de alguna productora de cine y por si las cosas se ponen fea, tengo guardados un par de temas de mi abuela en el Winamp. Por las dudas, cuando todo pase y llegue Will Smith a por mí, tengo unos anteojos comprados en la plaza San Martín para no olvidar tamaña experiencia


¿Y ustedes? ¿Qué aprendieron de las películas además de saber que después de la cita en el umbral de tu casa viene un beso, sobre el significado del día de acción de gracias (y no del 17 de agosto, por ejemplo), sobre que los desenlace siempre son buenos en un aeropuerto o un puente, o sobre la importancia de dejar que tu hijo pez vaya al colegio pese a su aleta marchita?


Musicalización de la entrada: ALF, Intro

sábado, 22 de agosto de 2009

Patitos en fila

Últimamente, y sin un motivo aparente, cada vez que hay que hacer un trámite mi familia me manda a mí. Así los últimos meses me la he pasado guardando lugar en algún consultorio médico, abonando en algún Pago fácil (que cada vez tiene más gente), tramitando la cédula o cosas por el estilo. Ayer, por ejemplo, estuve cuatro horas para hacer un trámite de a lo sumo, 10 minutos. Como tenía mucho tiempo, no tenía (ni tengo) MP3, crédito en el celular o alguien con quien charlar, me puse a observar la tipología repetitiva de personas anónimas que suele uno encontrarse en estas interminables filas A saber:


- La ansiosa:

Es aquella persona que llega a la cola, pregunta para qué es, vuelve a preguntar, pide que le guarden el lugar, va hasta la ventanilla, vuelve, se queja, vuelve a preguntar, agarra a algún desprevenido que recién llega y le pregunta. Es la clase de persona que pone nerviosa a toda la fila al punto tal que uno la dejaría colarse con tal de que se vaya de una vez.


- La acomodada (o gato acomodado)

Por lo general este espécimen corresponde al género femenino, aunque no es excluyente. Llega de punto en blanco y como dos horas después del amontonamiento de gente, en la mayoría de los casos tiene el brushing recién hecho y tacos altos, totalmente desubicados para esperar. Pero ojo, la acomodada sabe que no necesita comerse media hora ahí, por eso elije esa ropa, que por lo general incluye anteojos de sol. Llega, habla con alguna persona de la ventanilla a quien llama con el nombre de pila, es atendida inmediatamente. El resto de la fila la odia con toda su alma, protesta, pero le encantaría estar en su misma situación.


- La protestona:

Es alguien que se queja de todo, uno la reconoce porque antes de atravesar la puerta ya está despotricando, puede ser por el clima, por el tránsito o por una uña encarnada. Cuando se acerca a la fila empieza a poner en evidencia todas las irregularidades que tiene el trámite,/establecimiento y/o personas que atienden, cosa que todos los de la fila saben, pero que ella lo exterioriza. Al pasar “la acomodada” sin hacer fila, obviamente se queja y lo hace a los gritos. Suele hacer buenas migas con “la ansiosa”.



- El flaco que todos cagan:

Siempre en alguna fila hay un tipo con cara de nada, con conciencia hippie tal vez o por simple amor al arte, el tipo llega, muy tranquilo, si se cansa se sienta en el suelo sin drama, no se queja, no está ansioso y se pegaría un tiro antes de estar acomodado. Este tipo es el que usualmente la protestota agarra de blanco, total el tipo se pone en piloto automático y no le afecta; suele dejar pasar en su lugar a embarazadas, madres con chicos o mandonas que se lo exigen, el flaco no se hace drama y no se va a quejar.


- La que te ensarta:

Siempre es la persona que está próximo a vos en la fila, puede estar adelante o atrás, pero tiene esa suerte, después que anduviste por 30 oficinas de informes y POR FIN sabes cómo es el tema, la ensartadota llega, te pregunta porque se te nota en la cara que lo sabes y te saca data, así de fácil es la vida para ella. Al final, en algún momento te pide que le cuides el lugar y se va, quizás a tomar un café, quizás a sentarse a un lugar mullido, quizás al baño, quizás a encontrarse con un amante, la cosa es que te pone nervioso porque se acerca su turno y no sabes qué hacer, nunca deja instrucciones onda “si te tenés que ir, anda” o “si pierdo el lugar porque tenías que ir a sacar fotocopias todo bien” o “llamame a este número si se prende fuego la oficina”, es la peor de todas porque te hace llegar al límite; pero hay algo que tenés que saber, siempre, pero siempre que crees que podés salir beneficiado por cuidarle el lugar y pasar primero… llega y te pincha el globo.


- La charlatana:

Puede ser de cualquier género, raza o religión, siempre, pero SIEMPRE en cualquier dependencia pública va a haber una persona que se la pasa hablando, y a un volumen tan alto que aunque esté en el otro extremo, aunque suban al mango la música de tus auriculares la vas a escuchar. Cuando te das cuenta que es irremediable escucharla tratas de interesarte, a ver si al menos dice algo de lo cual podes sacar provecho onda “en IBM hay un puesto vacante de comunicadora social y están desesperados, contratarían al primero que llegue a las 2 de la tarde” ¡NO! La charlatana va a hablar sobre enfermedades propias y ajenas, y desgracias, NUNCA sale nada bueno de su boca, porque la vida de la charlatana es una porquería, por eso necesita hacer terapia en las filas.


¿Y ustedes? ¿Se sienten identificados con alguna tipología? ¿Creen que falta alguna más? Aporten, así hacemos la biblia de los trámites públicos, algo que puede ser de mucha ayuda en algún momento de nuestras burocráticas vidas.


martes, 18 de agosto de 2009

Instructivo para comer un Bonobon

Desde que tengo memoria que como los Bonobon de la misma manera, lo cual tiene todo un protocolo especial, uno no puede zampárselo así y nada más porque es una falta de respeto a Arcor. La metodología consiste en:


Paso 1:
Quitarle el papel amarillo (porque los más ricos son los de chocolate negro, los blancos empalagan y los que tienen maní son una mala idea) y despegar el papel aluminio que previamente alisamos con la uña del dedo gordo de la mano derecha. Al quitarle el papel plateado procurar que salga intacto.

Paso 2:
Tomar el bombón con la mano asegurándose de que no queden rastros de chocolate pegoteados en el papel (cosa que suele ocurrir cuando es verano y el quiosquero lo tiene en exhibición al sol).

Paso 3:
Mordisquear todo el bBonobon suavemente, quitándole toda la cubierta de chocolate. Tener especial cuidado en no entusiasmarse y romper la cubierta de galleta que cubre la crema de maní.

Paso 4:
Una vez libre de chocolate, tomar con ambas manos la cubierta de galleta (chuparse los dedos previamente) y separar las dos tapitas de oblea procurando algo imposible, que toda la crema de maní quede de un solo lado.

Paso 5:
Comerse las obleas.

Paso 6:
Deleitarse pausadamente con la crema de maní que lleva en su corazón.

Paso 7:
Arrugar el papel aluminio previamente separado y hacer una bolita minúscula

Paso 8:
Enrollar el papel amarillo que supo cubrir ese bombón alrededor de la bolita de aluminio.

Paso 9:
Torcer el papel amarillo hasta que se corte y la bolita quede bien sellada. Abrir el papel amarillo sobrante y analizar el tamaño de la circunferencia que quedó.

Paso 10:
Tirarle por la cabeza a alguien que esté cerca la bolita de aluminio.

Musicalización de la entrada: Bombón asesino